¿Intelectual? No
Otra cosa que no parecen comprender los otros es cuando dicen que soy una intelectual y yo digo que no lo soy. De nuevo, no se trata de modestia y si de una realidad que ni de lejos me hiere. Ser intelectual es usar sobre todo la inteligencia, lo que no hago: lo que uso es la intuición, el instinto. Ser intelectual es también tener cultura, y yo soy tan mala lectora que, ahora ya sin pudor, digo que no tengo realmente cultura. Ni siquiera leí las obras importantes de la humanidad. Además de leer poco: solo leí mucho, y leía ávidamente lo que me cayera en las manos, entre los trece y los quince años de edad. Después pase a leer esporádicamente, sin orientación de nadie. Esto es para no confesar –y esto lo digo con algo de vergüenza- que durante años solo leía novelas policiales. Hoy en día, a pesar de tener muchas veces pereza para escribir, llego de vez en cuando a tener mas pereza para leer que para escribir. Literata tampoco soy porque no hice del hecho de escribir libros “una profesión” ni “una carrera”. Los escribí recién cuando espontáneamente me surgieron y solo cuando realmente quise.
¿Soy una aficionada?¿Que soy entonces? Soy una persona que tiene un corazón que a veces se da cuenta, soy una persona que quiso poner en palabras un mundo ininteligible y un mundo impalpable. Sobre todo una persona cuyo corazón late de levísima alegría cuando logra en una frase decir algo sobre la vida humana o animal.
Textos y Consignas
Los textos que se reproducen a continuacion son extraidos aleatoriamente de las numerosas lecturas de estos años en los que transité la consistencia molecular de palabras y oportunidades.
Las Consignas escriturarias ayudan, desde su eventualidad, a construir el tejido igneo de las palabras a partir de una forma no estructurada de entenderlas.
Asi, forma y contenido, no son referencias de un marco teorico.
Mas sencillamente, Textos y Consignas son un juego ceremonial al que no hay que darle mucha veracidad.
Solo un poco, poquito de ternura y solidaridad...
Las Consignas escriturarias ayudan, desde su eventualidad, a construir el tejido igneo de las palabras a partir de una forma no estructurada de entenderlas.
Asi, forma y contenido, no son referencias de un marco teorico.
Mas sencillamente, Textos y Consignas son un juego ceremonial al que no hay que darle mucha veracidad.
Solo un poco, poquito de ternura y solidaridad...
Mostrando entradas con la etiqueta Reflexion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reflexion. Mostrar todas las entradas
viernes, 15 de julio de 2011
martes, 8 de febrero de 2011
Walter Benjamín- Ensayos Escogidos- Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los hombres
Toda manifestación de la vida espiritual humana puede ser concebida como una especie de lenguaje y esta concepción plantea – como todo método verdadero- múltiples problemas nuevos. Se puede hablar de una lengua de la música y de la escultura, de una lengua de la jurisprudencia, que no tiene directamente ninguna relación con aquellas en que son redactadas las sentencias de los tribunales ingleses o alemanes, de una lengua de la técnica, que no es la especializada de los técnicos. Lenguaje significa en este contexto el principio encaminado a la comunicación de contenidos espirituales en los objetos en cuestión: en la técnica, en el arte, en la justicia o en la religión. En resumen, toda comunicación de contenidos espirituales es lenguaje. La comunicación mediante la palabra constituye solo un caso particular, el del lenguaje humano y del que está en la base de éste o fundado en él (jurisprudencia, poesía). Pero la realidad del lenguaje no se extiende solo a todos los campos de expresión espiritual del hombre -a quien en un sentido u otro pertenece siempre una lengua- sino a todo sin excepción. No hay acontecimiento o cosa en la naturaleza animada o inanimada que no participe de alguna forma de la lengua, pues es esencial a toda cosa comunicar su propio contenido espiritual. Y la palabra “lengua” en esta acepción no es en modo alguno una metáfora. Puesto que es una noción plenamente objetiva la de que no podemos concebir nada que no comunique en la expresión su esencia espiritual, el mayor o menor grado de conciencia con el que se logra aparentemente (o realmente) esta comunicación no modifica en nada el hecho de que no podemos representarnos en ninguna cosa una completa ausencia de lenguaje. Un ser que estuviese enteramente sin relaciones con la lengua es una idea; pero esta idea no puede resultar fecunda ni siquiera en el ámbito de las ideas que definen, en su contorno, la de Dios.
domingo, 9 de enero de 2011
Pascal Quignard- La Barca Silenciosa- La comunicación separada y sagrada
Porque la soledad precede al nacimiento no hay que defender a la sociedad como un valor.
La no-sociedad es la finalidad.
El pensamiento tropieza sin cesar con los límites donde su origen lo obliga y su dolor lo somete.
El termino francés infancia es extraordinario. Viene del latín in-fantia. Quiere decir, en francés, a-hablancia (a-parlance). Remite a un estado inicial, no social, que es origen de cada uno de nosotros y en el cual no hemos adquirido nuestra lengua. Somos lo no-hablante que debe aprender la lengua en los labios de quienes nos son cercanos. También, a pesar de que lo aprendemos viviendo, envejeciendo, trabajando, leyendo, siempre somos carne donde el lenguaje desfallece. Somos siempre niños viejos, viejos no-hablantes, animales vivíparos, seres de dos mundos para los cuales la lengua no es natural ni cierta. Hay una soledad anterior al narcisismo; un terrible éxtasis infante; un desistimiento; una desolación que constituye el comienzo de los días; es casi un éxtasis interno antes del éxtasis, antes de la contemplación, antes de la lectura. Este éxtasis abisal en el fondo de nosotros puede radicalizarse hasta el autismo. Una melancolía catastrófica precede la conciencia y repliega el alma sobre si misma en un circuito cerrado. Evoco el mundo interno antes de que sea tocado por el lenguaje sensato, adquirido, significante, nacional. Temporalmente este estado melancólico precede a la constitución de la conciencia. Este estado precede a la identidad. Si la conciencia define el lenguaje en un proceso de retroalimentación, entonces hace falta que el cuerpo haya tenido el tiempo de consentir al mundo sonoro materno, luego de adquirirlo, para que haya retroacción, luego reflexión, luego autoaprehención. Hay que haber vivido al menos dos años. Este circuito cerrado antes de la conciencia es el espacio del secreto. Un renacimiento y un reconocimiento de este éxtasis interno, esa es la lectura. El lector puede adorar ese vértigo (o aquel que se niega a leer detestar ese vértigo) porque ese vértigo estuvo en su origen.
El rasgo del orgasmo es temporal: es la pérdida de la conciencia de la duración.
Este rasgo es también el de la lectura.
Evoco ese cuerpo totalmente “presa” del otro mundo.
Es el imposible reencuentro con el mundo interno. Es la imposible restauración de la consonancia con el continente. Es la locura de “lo que se retroalimenta”. Es también la locura del amor: creer posible el reencuentro con la comunicación a la primera oportunidad entre un ser y otro. En la última entrevista que dio antes de morir atropellado por una camioneta cuando cruzaba la calle, Roland Barthes afirmo que la vida independiente se iba a convertir en un verdadero desafío en las sociedades democráticas. Agregaba que aquel que pretendiera vivir su indivisibilidad de modo radical se lanzaría a una vida muy difícil. Iniciaría una aventura tan enigmática como aquella a la que se había confrontado la mayor parte de los caballeros de la antigua materia de Bretaña cuando penetraba en el bosque azaroso. Es cierto que esta actitud ahora choca no solamente con el modo de vida de las clases más jóvenes sino también con la vigilancia general, la solidaridad moral, la salvación colectiva, la ciencia y sus redes de autorización y validación. Roland Barthes decía expresamente: “Lo único que un poder no tolera nunca es la impugnación por la retirada. Esto solo se puede vivir a través de conductas clandestinas. A través de engaños. Se puede enfrentar a un poder atacándolo. La retirada es mucho menos asimilable por parte de una sociedad”.
El amor define ese “esto”: la comunicación separada y sagrada, la vida secreta, la vida intensa al margen de la sociedad, la familia, el lenguaje común. En la más hermosa novela de amor escrita en Francia, La Chatelaine de Vergy, el amor se describe como la relación que excluye la intervención de un tercero. Que excluye toda confidencia. Que impone el secreto de la guarida. Lo mismo ocurre en la más hermosa historia de amor escrita en Gran Bretaña, Cumbres Borrascosas. En la materia de Bretaña los secretos no pueden ser dichos. Las confidencias del amor no pueden ser confiadas al aire sin acarrear desastres. Deben ser reveladas solamente por escrito, no caer en oídos de nadie, disimularse a la naturaleza y a todas las clases de la sociedad
“Por favor, déjenos escribir
lo que no osamos pronunciar con los labios”
La no-sociedad es la finalidad.
El pensamiento tropieza sin cesar con los límites donde su origen lo obliga y su dolor lo somete.
El termino francés infancia es extraordinario. Viene del latín in-fantia. Quiere decir, en francés, a-hablancia (a-parlance). Remite a un estado inicial, no social, que es origen de cada uno de nosotros y en el cual no hemos adquirido nuestra lengua. Somos lo no-hablante que debe aprender la lengua en los labios de quienes nos son cercanos. También, a pesar de que lo aprendemos viviendo, envejeciendo, trabajando, leyendo, siempre somos carne donde el lenguaje desfallece. Somos siempre niños viejos, viejos no-hablantes, animales vivíparos, seres de dos mundos para los cuales la lengua no es natural ni cierta. Hay una soledad anterior al narcisismo; un terrible éxtasis infante; un desistimiento; una desolación que constituye el comienzo de los días; es casi un éxtasis interno antes del éxtasis, antes de la contemplación, antes de la lectura. Este éxtasis abisal en el fondo de nosotros puede radicalizarse hasta el autismo. Una melancolía catastrófica precede la conciencia y repliega el alma sobre si misma en un circuito cerrado. Evoco el mundo interno antes de que sea tocado por el lenguaje sensato, adquirido, significante, nacional. Temporalmente este estado melancólico precede a la constitución de la conciencia. Este estado precede a la identidad. Si la conciencia define el lenguaje en un proceso de retroalimentación, entonces hace falta que el cuerpo haya tenido el tiempo de consentir al mundo sonoro materno, luego de adquirirlo, para que haya retroacción, luego reflexión, luego autoaprehención. Hay que haber vivido al menos dos años. Este circuito cerrado antes de la conciencia es el espacio del secreto. Un renacimiento y un reconocimiento de este éxtasis interno, esa es la lectura. El lector puede adorar ese vértigo (o aquel que se niega a leer detestar ese vértigo) porque ese vértigo estuvo en su origen.
El rasgo del orgasmo es temporal: es la pérdida de la conciencia de la duración.
Este rasgo es también el de la lectura.
Evoco ese cuerpo totalmente “presa” del otro mundo.
Es el imposible reencuentro con el mundo interno. Es la imposible restauración de la consonancia con el continente. Es la locura de “lo que se retroalimenta”. Es también la locura del amor: creer posible el reencuentro con la comunicación a la primera oportunidad entre un ser y otro. En la última entrevista que dio antes de morir atropellado por una camioneta cuando cruzaba la calle, Roland Barthes afirmo que la vida independiente se iba a convertir en un verdadero desafío en las sociedades democráticas. Agregaba que aquel que pretendiera vivir su indivisibilidad de modo radical se lanzaría a una vida muy difícil. Iniciaría una aventura tan enigmática como aquella a la que se había confrontado la mayor parte de los caballeros de la antigua materia de Bretaña cuando penetraba en el bosque azaroso. Es cierto que esta actitud ahora choca no solamente con el modo de vida de las clases más jóvenes sino también con la vigilancia general, la solidaridad moral, la salvación colectiva, la ciencia y sus redes de autorización y validación. Roland Barthes decía expresamente: “Lo único que un poder no tolera nunca es la impugnación por la retirada. Esto solo se puede vivir a través de conductas clandestinas. A través de engaños. Se puede enfrentar a un poder atacándolo. La retirada es mucho menos asimilable por parte de una sociedad”.
El amor define ese “esto”: la comunicación separada y sagrada, la vida secreta, la vida intensa al margen de la sociedad, la familia, el lenguaje común. En la más hermosa novela de amor escrita en Francia, La Chatelaine de Vergy, el amor se describe como la relación que excluye la intervención de un tercero. Que excluye toda confidencia. Que impone el secreto de la guarida. Lo mismo ocurre en la más hermosa historia de amor escrita en Gran Bretaña, Cumbres Borrascosas. En la materia de Bretaña los secretos no pueden ser dichos. Las confidencias del amor no pueden ser confiadas al aire sin acarrear desastres. Deben ser reveladas solamente por escrito, no caer en oídos de nadie, disimularse a la naturaleza y a todas las clases de la sociedad
“Por favor, déjenos escribir
lo que no osamos pronunciar con los labios”
lunes, 6 de diciembre de 2010
Emma Goldman- La Palabra como Arma
El individualismo puede describirse como la conciencia del individuo acerca de lo que él es y como vive. Es inherente a todo ser humano y es la clave del crecimiento. El estado y las instituciones sociales vienen y van, pero el individualismo permanece y persiste. Es expresión de toda esencia de la individualidad, el sentido de la dignidad e independencia es el suelo en donde germina. La individualidad no es un elemento impersonal y mecánico que el estado trata como un “individuo”. El individuo no es meramente el resultado de la herencia y el entorno, de la causa y efecto. Es eso y mucho más, algo más. El hombre vivo no puede ser definido, es el origen de toda la vida y valores, no es una parte de esto y aquello, es el todo, un todo individual, creciente, cambiante, siempre un todo constante.
La individualidad no debe ser confundida con las diversas formas y conceptos del individualismo, y mucho menos con el “individualismo a ultranza” el cual solo es intento enmascarado para reprimir y frustrar al individuo y su individualidad. El denominado individualismo es el “laissez faire” social y económico: la explotación de las masas por las clases altas mediante la superchería legal, la degradación espiritual y el adoctrinamiento sistemático de los espíritus serviles a través del proceso conocido como “educación”. Este corrupto y perverso “individualismo” es la camisa de fuerza de la individualidad. Ha convertido la existencia en una carrera degradante por las apariencias, por las posesiones, por el prestigio social y la supremacía...
La individualidad no debe ser confundida con las diversas formas y conceptos del individualismo, y mucho menos con el “individualismo a ultranza” el cual solo es intento enmascarado para reprimir y frustrar al individuo y su individualidad. El denominado individualismo es el “laissez faire” social y económico: la explotación de las masas por las clases altas mediante la superchería legal, la degradación espiritual y el adoctrinamiento sistemático de los espíritus serviles a través del proceso conocido como “educación”. Este corrupto y perverso “individualismo” es la camisa de fuerza de la individualidad. Ha convertido la existencia en una carrera degradante por las apariencias, por las posesiones, por el prestigio social y la supremacía...
E.M. Cioran- De Lágrimas y De Santos
Nuestra ausencia de orgullo compromete a la muerte. Ha sido, probablemente el Cristianismo, el que nos ha enseñado a cerrar los ojos – a bajar la mirada- para que la muerte nos halle sosegados y sumisos. Dos mil años de educación nos han acostumbrado a una muerte sensata y comedida. ¡Morimos postrados, atraídos hacia abajo, nos extinguimos escondidos por nuestros parpados, en lugar de morir con los músculos tensos como un corredor que espera la señal dispuesto a desafiar el espacio y a vencer a la muerte en pleno orgullo e ilusión de su fuerza! Sueño con frecuencia con una muerte indiscreta, cómplice de las vastedades...
El límite de cada dolor es un dolor aún mayor.
Cuando busco una palabra que me agrade y me entristezca a la vez, solo encuentro una: olvido.
El límite de cada dolor es un dolor aún mayor.
Cuando busco una palabra que me agrade y me entristezca a la vez, solo encuentro una: olvido.
viernes, 5 de noviembre de 2010
Julian Barnes- El Loro de Flaubert
“Los que no son como nosotros necesitan tener la religión de la desesperanza” Hay que estar a la altura de nuestro propio destino, es decir ser tan impasible como el, a fuerza de repetir: es así! es así! es así! y de contemplar el agujero negro, logramos la calma. Ellen no tenía ni siquiera esta religión. ¿Por que iba de tenerla? ¿Por mi? Siempre le pedimos a los desesperados que no sean egoístas, que piensen en los demás. Lo cual me parece injusto. ¿Por que cargar sobre sus espaldas la responsabilidad del bienestar de los demás, cuando ya viven aplastados por la suya propia? Quizás hubiese, además, otra cosa. Hay personas que cuando se hacen mayores, parecen estar más convencidas de su propia importancia. Y a otras le ocurre lo contrario. ¿Encierra esto alguna lección para mí? ¿No queda mi vida, tan corriente, resumida, incluida, convertida en algo inútil, por la vida un poco menos corriente de otra persona? No estoy diciendo que tengamos el deber de negarnos a nosotros mismos ante aquellos a quienes juzgamos más interesantes. Pero la vida, desde ese punto de vista, es como la lectura. Y tal como ya he dicho antes, si todas las reacciones que yo he tenido ante un libro ya han sido experimentadas y analizadas por un critico profesional, ¿que sentido tiene mi lectura? El único sentido que tiene es que es la mía. Del mismo modo, ¿que sentido tiene vivir mi propia vida? Tiene sentido porque es la mía. Pero ¿que ocurre cuando esta respuesta empieza a ser cada día menos convincente?
Los tres requisitos indispensables para ser feliz son la estupidez, el egoísmo y la salud. Pero, si falta la primera, no hay nada que hacer...”
Los tres requisitos indispensables para ser feliz son la estupidez, el egoísmo y la salud. Pero, si falta la primera, no hay nada que hacer...”
Suscribirse a:
Entradas (Atom)